I Can Do It With A Broken Heart
Sabes que eres bueno cuando puedes hacerlo con el corazón roto. Lo había convertido en su lema en los últimos años y, pese a que todos pensaban que estaba viviendo el mejor momento de su vida, la verdad era que tenía que tragarse el dolor y sonreír al subir al escenario. Como si todo estuviera bien, como si no hubiera pasado noches llorando mientras se embriagaba con tal de olvidarlo.
Todos sus pedazos que se había esforzado en volver a unir se derrumbaban nuevamente cuando la multitud gritaba, pedía por más. Más de lo que tenía para ofrecer, más de él. Las luces lo enfocaban y algún que otro flash indicaba que le tomaban fotos, por lo tanto no podía mostrarse vulnerable y miserable como se sentía.
Seguía obsesionado con él aunque jamás lo admitiría. Hacía una semana apenas aconteció el fallecimiento de su madre y ni siquiera pudo acudir a su funeral debido a que su manager lo llamó para decirle que tenía fechas de conciertos en esa misma semana. Se sentía terrible. Quería explotar, gritar y romper todo. Si a ello se le adjuntaba el engaño de su prometido, con quien pronto pensaba casarse, efectivamente era un absoluto imbécil.
Se recordó a sí mismo, como si de algo sirviera, que no necesitaba de nadie más y que podía hacer esto aunque se muriera por dentro. Nadie notaba sus ojos aguados por las lágrimas que deseaban salir y deslizarse por sus mejillas, tampoco notaron el nudo que intentaba subir por su garganta quebrándole la voz de vez en cuando. Sólo veían la sonrisa falsa que mostraba ante las cámaras. Se veía en la obligación de hacerlo, tenía que estar a la altura de lo que se esperaba de él. Para eso estaba ahí, para ofrecer un buen concierto.
La música sería un buen escape para todas aquellas emociones contenidas. Esos sentimientos que no le comunicaba a nadie excepto a la almohada cada noche. Dominó hacía años el arte de ser productivo mientras por dentro moría poco a poco. Las cuerdas de la guitarra rasgaban sus dedos dejando cicatrices y su voz fue lo único que se escuchó en ese momento, el público se hallaba en un total silencio. Era un momento sublime, único, y ellos lo sabían.
Sin embargo, en medio del coro de la canción que cantaba en ese momento, no pudo evitar que se le cayeran un par de lágrimas las cuales se deslizaron hasta sus labios impregnándolos con ese sabor salado que las caracterizaba.
Esto iría para largo, estaba plenamente consciente de ello y no, no quería seguir viviendo. ¿Para qué? ¿Con qué motivo? Si ya no le quedaban razones para hacerlo.
Mas no podía ahora. Por el momento tenía que aguantar y continuar. Y lo haría, deslumbrar al mundo con una sonrisa falsa a la vez que dentro de él no quedaba nada y pedía ayuda a gritos que nadie escuchaba era lo que mejor sabía hacer.
Ya se cansó de ser fuerte. Quería terminar con esta farsa de una vez para siempre.
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