Caramelo
Los gemidos de satisfacción del ángel al devorar aquel rollo de canela eran música para los oídos de Crowley, que simplemente lo contemplaba como si fuera la criatura más perfecta que haya existido en este y cualquier universo. Para él, en definitiva lo era. No tenía la menor duda de ello. Su aroma obnubilaba todos sus sentidos y tuvo que apelar a todo su autocontrol para no ceder a la tentación. Aziraphale era como un fruto prohibido, cual manzana del Edén de la cual comieron Adán y Eva. Sin embargo, él adoraba al ángel de una manera más allá de lo carnal. En su mente, aún así, deseaba besar aquellos labios apasionadamente, limpiar con su lengua aquellas chispas de canela dejadas en las comisuras de la boca de Aziraphale por el postre. Se obligó a sujetar la taza de café entre sus manos para calentarlas, ya que empezaba a sudar frío debido a los nervios. Se llevó la taza con el oscuro elixir a su cavidad bucal, tomando un buen sorbo sintiendo cómo la calid...