False God
Su corazón pareció detenerse por un momento mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos. Su respiración se normalizó en cierta medida; sin embargo, no lograba terminar de encajar todo lo sucedido en su mente. Conservaba en sus labios el sabor y el calor de los del demonio, lo que le recordaba la intensidad del momento. Lo había tomado desprevenido, no se imaginaba así su primer beso. Todavía recordaba su agarre brusco, sus labios buscando desesperadamente los suyos, sus manos intentando aferrarse, temblorosas, a la espalda del contrario. No supo coordinar su cuerpo y su cerebro en ese preciso instante. Los nervios se hallaban a flor de piel. Era inevitable. Pero se había ido y ya no regresaría. Era lo más probable, no le cabía duda alguna. Fue entonces que comprendió que estaba destinado a permanecer solo. No lo podía evitar. Su mirada quedó fija en la puerta caoba como si en algún instante el demonio fuera a entrar nuevamente. Nada sucedió. Ni siquiera se escuchaba ya e...